Una ruta por los castillos de Siria

Ruta castillos Siria

Hay tierras que parecen destinadas a ser regadas con sangre continuamente y una de ellas es Siria. Ese país de ubicación tan endiabladamente estratégica, encajado como la piza de un puzzle entre Turquía, Líbano, Jordania y, sobre todo, Israel e Irak, ha sido el último episodio -por ahora- de la Primavera árabe, en este caso aún vigente y aparentemente sin solución a corto plazo.

Ese carácter fronterizo no es nuevo; lo tiene desde la Antigüedad, siviendo de campo de batalla para los sucesivos afanes expansionistas de egipcios, hititas, asirios, babilonios, persas, macedonios, Roma, el Imperio Bizantino, los sarracenos, los selyúcidas y el Imperio Otomano, etre otros. Tras la Primera Guerra mundial se disputaron la región ingleses y franceses, quedándosela estos últimos hasta que el siguiente conflicto trajo la independencia, en 1941. Desde entonces se alternan golpes de estado y revoluciones.

Desde el punto de vista turístico quizá la etapa más atractiva sea la medieval, cuando los dominadores musulmanes vieron amenazada su presencia por la llegada de las Cruzadas. La misión cristiana de liberar los Santos Lugares pasaba por allí, algo que queda demostrado con la arquitectura militar que dejaron los ejércitos de uno y otro bando como testigos de tan turbulentos tiempos; Siria también podría llamarse Castilla.

La mayoría de los castillos sirios se localizan en las llanuras que unen la costa mediterránea con las montañas Jebel al-Ansariye. una zona fértil, verde y arbolada que parece presidida por todo un clásico como el famoso Krak de los Caballeros, “el castillo más exquisito del mundo” según Lawrence de Arabia y declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El Krak fue construido al borde del desierto para proteger la ruta Homs-Trípoli y aunque sus ocupantes más célebres fueron los caballeros Hospitalarios (de ahí el nombre), en realidad la obra original correspondió a los musulmanes, si bien luego lo conquistaron los cristianos.

Tras un terremoto, la orden Hospitalaria lo reformó transformándolo en un bastión inexpugnable: 2 anillos concéntricos de murallas y torreones con un foso en medio, entrada en zig-zag, gigantescos almacenes y posición en lo alto de un risco que le permitieron resistir multitud de asedios hasta que finalmente cayó en 1271. Aprate de las instalaciones militares, la visita al interior descubre una capilla gótica, varios frescos y panorámicas impresionantes del entorno. Lamentablemente, los combates de los últimos meses parecen haberlo dañado.

Pero el Krak no es el único castillo interesante. A 24 kilómetros, sobre un cerro, se encuentra Chastel Blanc, erigido en 1112 aunque la orden del Temple lo mejoró en el siglo XIII. El pueblo de Safita ha ido creciendo alrededor y en lo que antaño era la parte intramuros, dado que éstos ya no existen. 30 kilómetros más allá está el puerto de Tartus, donde aún se alza la Catedral de Nuestra Señora y la torre del homenaje de los cruzados; sería difícil determinar cuál de las 2 parece más militar. Y cerca también, pero en el mar, se puede visitar un bastión templario y otro islámico en la Isla de Arward.

Subiendo por la costa se llega a Baniyas, donde aún pervive la fortaleza de Margqab, hecha de basalto negro. Los hospitalarios se hicieron con ella y añadieron su sabiduría arquitectónica en 1186, de la que quedan como muestras el Gran Vestíbulo y la capilla gótica. Si se sigue en dirección norte la siguiente parada es el castillo de Saone, más conocido como Qalaat Saladin por ser Saladino quien se lo arrebató a los cruzados a pesar de su difícil ubicación, en un escarpado desfiladero; también es Patrimonio de la Humanidad.

Y lo es igualmente la ciudad de Alepo, buen punto final para la ruta de los castillos sirios por su espectacular ciudadela, construida por el hijo de Saladino en el siglo XIII.

Foto: Cloj en Wikimedia