La Catedral de Saint-Denis, en París

Catedral Saint Denis París

Si se busca una zona para el alquiler de apartamentos en París, alejada de las caras rentas que pedirán en el centro pero en un ambiente cosmopolita, una opción puede ser el norte de la ciudad, bien comunicada mediante la línea 13 de Metro o la D del RER y donde también hay bastantes lugares turísticos que visitar; quizá no tan emblemáticos como la Torre Eiffel o el Louvre pero igual de interesantes si se le sabe sacar el jugo a un viaje: el Parque de la Villette (donde está la Geode), el Museo del ejército y del Aire, el Stade de France

Pero el principal atractivo de ese entorno es, sin duda, la Catedral de Sain-Denis, ubicada en la rue de la Legion d’Honneur. Sí, supongo que más de uno se extrañará, teniendo en cuenta que la catedral parisina es Notre Dame. Pero es que la de Saint Denis recibió la categoría en 1966, al crearse una nueva diócesis. De todas formas fue declarada Monumento Histórico-Artístico en 1840, después de una laboriosa restauración – dirigida por el prestigioso arquitecto Violet-le-Duc que la salvó del abandono en que se encontraba.

Y es que Saint Denis se convirtió en lugar de peregrinaje para los nostálgicos de la monarquía, dado que allí fue enterrada la mayoría de los reyes franceses. Cosa curiosa porque la abadía benedictina erigida en honor del santo homónimo y que aún funciona como tal, se alza sobre lo que originariamente fue una necrópolis romana.

El terreno lo cristianizaron los merovingios levantando una iglesia que luego fue sustituida por otra carolingia y, más tarde, románica. Pero antes de terminarla ya se había impuesto en Europa un nuevo estilo, el gótico, que fue rápidamente aplicado para permitir abrir grandes ventanales con vidrieras que dotaran al interior de una fantástica luminosidad. Por fuera quedó con su peculiar aspecto “manco”, de una sola torre.

El templo se inauguró finalmente en el siglo XIII para rendir culto a las reliquias de San Dionisio pero también acogió la custodia de la Oriflama (pendón guerrero que sólo se sacaba para la batalla como representación de los monarcas), el trono y cetro de Dagoberto, la corona de San Luis, la espada de Carlomagno y otras piezas (algunas romanas) que forman un auténtico museo entre el crucero, la girola y la cripta (entrar a esta zona cuesta 7,50 euros).

Sin embargo, el principal punto de interés son las tumbas reales, correspondientes además a varias dinastías: Dagoberto I, Hugo Capeto, Francisco I, Blanca de Castilla, Enrique IV, Catalina de Médici, Luis XIV… También hay personajes que no pertenecieron a la realeza pero son parte importante de la historia de Francia, como Carlos Martel o Bertrand du Guesclin.

Merecen reseña aparte Luis XVI y su mujer María Antonieta. Sus cadáveres fueron exhumados y profanados durante la etapa más radical de la Revolución para mostrar al pueblo que eran como los demás. Dado que después fueron inhumados en una fosa común, tuvo que ser el restaurado Luis XVIII el que mandara devolverlos 1817 a los imponentes mausoleos que había construido Napoleón. También se guarda, en un discreto relicario, el corazón del Delfín, el hijo de ambos, que no llegó a a reinar y que ha sido autentificado con una prueba de ADN.

Foto: Gilles 92 en Wikimedia

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