Convertida en memorial-museo la sala del juicio de Nüremberg

Anteayer, domingo 21 de noviembre, se inauguró oficialmente el Memorial de los procesos de Nüremberg coincidiendo con el 65º aniversario de la primera audiencia llevada a cabo por un tribunal internacional. Fue el juicio a la jerarquía del nacionalsocialismo por crímenes contra la Humanidad, que en realidad empezó el 18 de octubre de 1945 en Berlín pero que el 20 de noviembre se trasladó a Nüremberg por la cercanía de la sede judicial a una cárcel, aparte del simbolismo de procesar a los líderes nazis en su ciudad más emblemática, aquélla donde realizaban sus grandes manifestaciones.

Convertida memorial museo sala juicio Nüremberg

La Sala 600 del Palacio de Justicia de Nüremberg, de 750 metros cuadrados, fue el escenario en el que se oyeron cientos de testimonios, declaraciones y apelaciones, además de las sentencias dictadas el 1 de octubre de 1946 a los 24 líderes encausados, con las que la mitad de ellos eran condenados a la horca, tres a cadena perpetua, cuatro a diversas penas de prisión y el resto salían absueltos. Pocos llegaron a cumplir íntegramente dichas sentencias porque, de los 12 reos de muerte, Hermann Göering se suicidó tomándose un a cápsula de cianuro que escondía, mientras que casi todas las condenas de reclusión terminaron rebajadas a los pocos años; Rudolph Hess fue la excepción.

La sala recibía cada año unos 20.000 visitantes pese a no estar dedicada explícitamente al turismo, dado que seguía -y sigue- celebrando vistas. Al final se optó por lo más práctico, los hechos consumados, y convertirla de facto en un memorial llamado Memorium Nürnberger Prozesse que incluye un museo y un centro de interpretación en el piso superior, donde ahora hay una exposición sobre el aniversario, con fotos, películas y diverso material audiovisual procedente de los archivos de la ciudad y de las cuatro potencias que formaron el tribunal militar en 1945.

A la inauguración asistieron Guido Westerwelle, ministro alemán de Exteriores, Sergei Lavrov, su colega ruso, Ulrich Maly, alcalde de Nüremberg y Benjamin Ferencz, el único de los jueces que participaron en el proceso que aún vive.